Discapacidad y lazo social

Discapacidad y lazo social

Discapacidad y Lazo social 

¿Elegirías enfermarte si pudieras hacerlo?

¿Quién estipula quién está enfermo? 

Introducción

¿Cómo entendemos la discapacidad? El “ mundo que habla de la enfermedad como camino pero no habla de la enfermante, enfermado, y enfermo que es su estar sano, adaptado y cómodo; que calla y acalla lo enfermo de  su  salud” (Silvestri, 2017). 

Desarrollo

Pareciera que nuestros cuerpos políticos fueron extirpados de su carácter social al pasar la individualización y rechazo de cuerpos no hetero- normativos. ¿Por qué me dirijo a los cuerpos en torno a los cuerpos como hetero- normativos? Porque el cuerpo no está dado, se lo construye en el choque con los dispositivos colectivos de enunciación y de deseo (Cangi, 2022). 

De esta forma el cuerpo sexuado actúa en observancia y en disimulación con la ley. Con ello, entendemos a la discapacidad, no limitada al curso biológico de un cuerpo sino dentro de un entramado dialéctico con el significante que lo constituye en una primera instancia. De aquí me gustaría recuperar los aportes de Lacan sobre el estadio del espejo, en el cual el cuerpo no aparece unificado sino ortopédico, es decir como marionetas que hayan su personaje en los hilos conectores de partes diversas y múltiples.  De esta manera, los hilos se configuran como los dispositivos que organizan el modo de construcción y deconstrucción de los cuerpos.

La discapacidad se captura en los distintos discursos que la vuelven objeto de tratamiento en función de la idea que se hacen del sufrimiento que portan y el lugar que ocupa en el aparato colectivo más allá de los sujetos implicados. El aparato colectivo enuncia un “ ver todo” como imperativo bajo el lema de “estar en instagram es estar en todos lados” (Sofia Peralta), hay un empuje a no cerrar los ojos.  Edipo es un sujeto discapacitado, ciego, lo que le angustia no es no tener ojos sino ver sus propios ojos en el piso que lo miran. Porque el objeto escópico no es el órgano, es la pulsión. De una manera similar, el sufrimiento en la  discapacidad no se presenta de forma naturalizada y orgánica. Más bien, despliega una sanción social de tenerla, los cuerpos que  se  mueven  en  maneras  transvaloradas,  aquellos  que  causan  disgusto  e  incomodidad  a quienes desean encarnan la heteronorma social, cuerpos que utilizan sus partes en maneras que  desestratifican los  usos  regulatorios:  una  mano  para  tal  cosa,  la  nariz  para  tal  otra,  el intestino y el culo deben funcionar juntos. Lo podríamos ver en las neurosis traumáticas en más allá del principio de placer donde aparece la pregunta ¿por qué aquellos que tenían una herida sobrellevan mejor las neurosis? 

La biología no es destino, sino un plano donde se insertan significantes, es por ello que se ve sujeto a dispositivos políticos y sociales. La disforia de género expresa con angustia (ante de la perdida de consistencia del cuerpo) la incompatibilidad que una persona siente cuando su identidad de género no coincide con el sexo o los caracteres físicos que le asignaron al nacer. Nacimientos engendrados a los ojos de la mantis religiosa , presencia enigmática que descoloca la identidad del sujeto.

“Mi cuerpo autoinmune, máquina deficiente y defectuosa, funciona, logra su objetivo al límite de su poder, como cualquier otro cuerpo, funciona como cualquier máquina, rompiéndose, dañándose, ni infinitas ni por siempre” (Silvestri, 2017). Cada cuerpo goza de la suerte que puede soportar  hasta  el  extremo  del  continente  de  la  espesura  de  su  territorio  móvil  y  dinámico. Todo  cuerpo  necesita  ciertos  aparatos  técnicos  para  funcionar:  zapatos,  bastón,  silla  de ruedas.  Todo  desplazamiento  necesita  una  tecnología  asociada  a  un  cuerpo.  Cambia la tecnología en función de la singularidad de un cuerpo y la estadística hiere fatalmente en el corazón del pequeño mutante que  había  ahí.

Dado lo expuesto, me parece importante reconocer la recuperación de spinoza en la ética del psicoanálisis. Llamamos “bueno” o “malo" a lo  que  aumenta  o  disminuye,  a  lo  que  favorece  o  reprime  nuestra  potencia  de  obrar. Entonces una cosa que es completamente distinta a la nuestra no puede ser ni buena ni mala. Y algo que aumenta mi potencia de obrar, mi potencia de conocer, por dura que sea no puede ser mala.  La discapacidad  como represión social de esa encarnación única y singular que no se ve signada a conformarse con los  estándares  de  heteronormalidad,  la  subjetivación  social  y  la  creación  material  de  esa otredad discapacitante que reconcilia el cuerpo normal esclavo con su esclavitud autoelegida. Discapacidad como los efectos discapacitantes de una sociedad que nos necesita para sentirse sanos.

Conclusión 

Habitar  en  un  mundo donde  nos  asistimos los  unos/as  a  los  otros/as,  donde  asistirnos  no  sea  un  tema  individual,  sino donde podamos ser los distintos modos de un mismo ser. Y sin embargo, algunos necesitamos de otras asistencias no usuales para sostener el cuerpo por las cuales es menester luchar, hacer lazo y hacer con la falta. Ante la normalidad lo peor que uno puede hacer es suponer que el cuerpo que uno reconoce, no lo pueda perder.

BibliografíaSilvestri, L. (2017).

Games of Crohn: Diario de una internación (2.ª ed.). Queen Ludd Editora.

Freud, S. (1920). Más allá del principio de placer. Obras completas: Sigmund Freud. Amorrortu Editores.

Lacan, J. (2006). El seminario de Jacques Lacan: Libro 10. La angustia (1962-1963) (E. Berenguer, Trad.). Paidós. (Trabajo original dictado en 1962-1963)