por Sofía Castellanos
«La epidemia de soledad no es un fracaso del individualismo: es su éxito. Un individuo aislado consume más, vota menos y pregunta nada.»
La soledad que no se llama soledad
Nunca hemos estado tan conectados. Nunca hemos tenido acceso a tantas personas, tantos contenidos, tanta comunicación permanente. Y sin embargo, los indicadores de soledad en las sociedades occidentales no dejan de crecer.
Hay una trampa en este diagnóstico: llamar "epidemia de soledad" a un fenómeno que no es un accidente sino un diseño. La plataforma no falla cuando produce aislamiento: cumple exactamente su función.
El negocio del vacío
Las plataformas digitales no venden conexión: venden la promesa de conexión. La diferencia es crucial. La promesa se renueva infinitamente; la conexión real, cuando ocurre, satura la plataforma. Un usuario que tiene amigos de verdad usa menos la aplicación.
El modelo de negocio óptimo es el usuario que siempre está a punto de conectar con alguien pero nunca termina de lograrlo. El que sigue scrolleando porque la satisfacción real nunca llega.
El algoritmo no te muestra lo que te conecta: te muestra lo que te engancha. No es lo mismo.
Contra el diagnóstico sentimental
La respuesta habitual a la soledad epidémica es la llamada a "reconectarse con las personas reales". Es un diagnóstico correcto en un análisis errado: trata como un problema de hábitos individuales lo que es una consecuencia estructural de la economía de la atención.
La soledad contemporánea no se cura con más voluntad. Se cura cambiando los incentivos de las estructuras que la producen. Mientras eso no ocurra, la epidemia seguirá creciendo exactamente como está diseñado que crezca.