Defensa del orden liberal: por qué la democracia imperfecta es la única viable

Todo ataque a la democracia liberal desde la pureza ideológica conduce, inexorablemente, al autoritarismo.

Defensa del orden liberal: por qué la democracia imperfecta es la única viable

por Sofía Castellanos

«Todo ataque a la democracia liberal desde la pureza ideológica conduce, inexorablemente, al autoritarismo.»

Contra los profetas del apocalipsis

Es fácil decretar la muerte de la democracia desde la tribuna del intelectual desencantado. Es cómodo, incluso elegante. Pero quienes proclaman el fin del sistema representativo jamás ofrecen una alternativa que no sea, en última instancia, la concentración del poder en manos de quienes se consideran más lúcidos que el pueblo.

La democracia liberal no es perfecta. Nunca lo fue. Pero su imperfección es su mayor virtud: admite la crítica, tolera la disidencia, y contiene mecanismos de autocorrección que ningún otro sistema ha logrado replicar.

La trampa de la pureza

Quienes exigen una democracia "real" —directa, participativa, sin mediaciones— ignoran las lecciones de la historia. Cada intento de purificar la política ha terminado en terror: la Revolución Francesa, los soviets, las asambleas populares que se convierten en tribunales de la virtud.

La democracia imperfecta es un dique; la perfección política es el diluvio.

La mediación institucional, con todos sus defectos, es lo que separa la deliberación de la turba. Los partidos, los parlamentos, las constituciones: son instrumentos imperfectos para una especie imperfecta.

El verdadero peligro

El mayor enemigo de la democracia no es la oligarquía financiera —contra la cual existen herramientas regulatorias— sino el nihilismo político que convence a los ciudadanos de que su voto no importa. Quien propaga ese mensaje, incluso con la mejor intención analítica, hace el trabajo del autoritarismo.