La arquitectura que aplasta: el fracaso humanista del espacio urbano
La arquitectura moderna no diseña espacios para vivir: diseña contenedores para optimizar. La ciudad eficiente es la ciudad que destruye al ciudadano.
La arquitectura moderna no diseña espacios para vivir: diseña contenedores para optimizar. La ciudad eficiente es la ciudad que destruye al ciudadano.
La historia no es la ciencia del pasado: es la política del presente. Quien controla el relato histórico controla la legitimidad del poder.
En un momento de desestructuración institucional, la militancia en las superestructuras es un esfuerzo estéril. El poder real asciende desde el vecino, no desciende desde el Estado.
Todo ataque a la democracia liberal desde la pureza ideológica conduce, inexorablemente, al autoritarismo.
La secularización es una ilusión: los valores morales contemporáneos —derechos humanos, igualdad, compasión— son cristianismo sin Dios.