Historiografía como arma: cuando el pasado se construye para justificar el presente

Toda revisión histórica es un acto político. La pregunta no es si el pasado fue distorsionado, sino en beneficio de quién.

Historiografía como arma: cuando el pasado se construye para justificar el presente

por Diego Fuentes

«Toda revisión histórica es un acto político. La pregunta no es si el pasado fue distorsionado, sino en beneficio de quién.»

El revisionismo permanente

Cada generación reescribe la historia de la anterior. Eso no es un escándalo: es el funcionamiento normal del conocimiento histórico. El problema comienza cuando la revisión no busca mayor exactitud sino mayor utilidad política.

Hay una diferencia entre el historiador que revisa la conquista de América con nuevas fuentes y nuevas metodologías, y el político que "revisa" ese mismo período para legitimar un proyecto nacionalista contemporáneo. El primero busca la verdad; el segundo, coartadas.

La memoria que se elige

Las naciones no recuerdan todo su pasado: seleccionan. Eligen qué glorias celebrar, qué derrotas olvidar, qué crímenes minimizar y qué sufrimientos magnificar según las necesidades del proyecto político dominante.

Esta selección no siempre es consciente ni conspirada. Es cultural: las instituciones educativas, los medios y los monumentos transmiten una versión del pasado que parece natural precisamente porque ha sido interiorizada durante generaciones.

El mito nacional no se impone por la fuerza: se aprende en la escuela primaria y luego se defiende con la vida.

La obligación de la posición

La única salida al uso político de la historia no es la "historia objetiva" —que no existe— sino la historia que reconoce explícitamente su posición. El historiador que pretende no tener perspectiva es el más peligroso: confunde su ideología con la realidad.

Leer el pasado desde el presente es inevitable. Ocultarlo es deshonesto.