El tiempo de los vencidos: por qué la historia la escriben los que ganan

La historia no es la ciencia del pasado: es la política del presente. Quien controla el relato histórico controla la legitimidad del poder.

El tiempo de los vencidos: por qué la historia la escriben los que ganan

por Martín Olivera

«La historia no es la ciencia del pasado: es la política del presente. Quien controla el relato histórico controla la legitimidad del poder.»

El archivo como arma

Cada vez que un Estado destruye archivos, cada vez que una revolución quema bibliotecas, cada vez que un régimen rebautiza calles y reescribe libros de texto, está cometiendo el mismo crimen: el asesinato del pasado. No por vandalismo sino por necesidad política.

El poder necesita historia. No historia verdadera —eso sería peligroso— sino historia legitimadora. Una narrativa que trace una línea recta desde el origen hasta el presente, que demuestre que lo que existe hoy es el resultado natural, inevitable, incluso justo, de todo lo que vino antes.

Los vencidos no tienen biógrafos

La historia oficial de cualquier civilización es, sin excepción, la historia de sus vencedores. No porque los vencidos no existieran, no porque sus razones fueran menos válidas, sino porque los vencedores son quienes controlan los medios de producción del relato.

Las guerras de conquista se convierten en misiones civilizadoras. Las masacres se convierten en pacificaciones. Los resistentes se convierten en terroristas o en héroes, según quién los narre y cuándo.

La diferencia entre un mártir y un fanático es la que escribe la historia después.

La historia como deuda

Reconocer que la historia está siempre contada desde algún lugar no conduce al relativismo —no todas las versiones son igualmente válidas— sino a una exigencia más rigurosa: la de buscar activamente las voces que el relato dominante ha silenciado.

Los vencidos tienen historia. Solo que nadie les pagó para escribirla.